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Adriana Garzón: "Le dedicaría un libro a cada uno de mis atletas"

Es una enamorada del atletismo. Se define formadora de personas además de deportistas, recuerda momentos únicos junto a ellos y dice que el deporte es "mágico"

La profesora Adriana Garzón tiene una vida dedicada a formar personas a través de la actividad física y en particular del atletismo el deporte que tanto ama. Nada es casual, los valores que un profe, o un entrenador inculca en cada deportista también viene de su propia construcción como personas. La profe Adriana Garzón , no es la excepción.

Desde el inicio en su querido Club Atlético Colón de Santa Fe hasta la actualidad en Esquel en Independiente Deportivo, vive a pleno el día a día con sus atletas y se emociona al recordar diferentes momentos vividos, imborrables en su memoria.

Todo comenzó en su tierra natal, donde según cuenta “antes de que cumpla un año, mi papá me enseñó a nadar, y desde niños (junto a mis 3 hermanos), nos hizo socios del Club Atlético Colón de Santa Fe. Recuerdo nadar en esa pileta olímpica del Club, pero nunca competí. Mi relación más formal con el deporte, inició cuando estaba en primer año de la escuela secundaria, a los13 años, la profesora de Educación Física Amelia Fretti de Marzo, que seguramente vio que tenía condiciones para realizar atletismo, me derivó al Club Colón a realizar este deporte con el entrenador Elvio Schneider”.

Allí comenzaron sus entrenamientos y competencias en este deporte con el apoyo de sus padres, deporte que aún hoy continúa desde otro lugar. De todas maneras también exploró otras alternativas "Realicé hockey en Colón y Acro Sport mientras estaba estudiando Educación Física, pero no le di continuidad a ningún otro deporte como sí lo hice con el atletismo”.

Repartía su tiempo en la práctica de atletismo, hockey y natación “pero el deporte que me atrapó y al que le di continuidad en mi formación, fue el Atletismo. Era explosiva, mis pruebas fueron 100 con valla, 100 y 200 llanos, salto en largo y salto en alto, a pesar de mi baja estatura" nos dice.

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También en ese proceso fue clave su entrenador "era exigente y me enseñó a querer las pruebas de pista y campo, el valor de la organización con mis estudios, la continuidad de la práctica como medio para mejorar y superarme más allá de los resultados, el compañerismo, el apoyarnos y acompañarnos entre atletas del equipo, a pesar de ser un deporte individual” recuerda Garzón.

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“Nunca fui campeona Nacional; aunque recuerdo torneos nacionales, estar arriba de podios" nos cuenta, pero pone el acento en lo que vuelve como un recuerdo grato una y otra vez "la sensación de sentirme feliz, y las ganas de volver a estar en un taco de partida o frente a un colchón de salto. Aprendí a quererme y a felicitarme por el intento, a cuidar el descanso y la alimentación, a disfrutar del ritual de la entrada en calor, el ponerme los zapatos con clavos y esperar, observar a mi alrededor. Y recuerdo a mi mamá y a mi papá cuidando conmigo cada uno de estos aspectos”.

Apenas recibida, con el título de Profesora de Educación Física en mano, Adriana fue titular en la Escuela Provincial con internado Nº 17 de Tecka, donde comienza a formar atletas y corredores de fondo. Hasta que, en marzo del 2000, recuerda que su inicio en la Escuela Municipal de Atletismo de Esquel, "siempre trabajando con niños y colaborando con el “Profe” Víctor Álvarez, uno de mis mentores”.

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Además, destaca que sentía la necesidad de adquirir otros conocimientos y formación. Así fue que se decidió a realizar el curso como entrenadora de atletismo, nivel 1 IAAF, en el 2006, el que repitió en el 2016. También realizó el curso de Oficial técnico, nivel 1 IAAF, en 2009, "ya que considero importante el manejo de las reglas del juego. A partir de ese primer curso, siento que se abre otro panorama, que cambia mi mirada de cómo encarar este deporte. Así fue como se comienzan a abrir puertas y oportunidades, que me ponen en situación de estudiar siempre y de aceptar desafíos nuevos”.

Cada momento en pista y con sus alumnos lo define como inolvidable. "Cuando junto al atleta preparás una temporada con un objetivo hay veces que no cumplimos nuestras expectativas o que por el contrario te sobrepasan las expectativas. Cuando abrazas consolando o abrazas porque te hierve la sangre de alegría, es un momento único. Siempre digo que a cada atleta le dedicaría un libro, y cada libro sería distinto. Hay momentos de toda clase en la vida del atleta y entrenador, y el trabajo debe ser en equipo. Hay momentos que querés olvidar, y momentos que querés retener”.

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El ida y vuelta con sus atletas va mucho más del tiempo compartido en el entrenamiento “¡Tantos niños, niñas, adolescentes y jóvenes han pasado delante de mis ojos!" señala con ternura y destaca que con algunos ha tejido historias contundentes, con muchas emociones atravesando sus vidas desde los resultados competitivos hasta la vida misma.

"En general, con los grupos muchas veces dejas de ser entrenadora para ser mamá, ser oídos, ser manos que ayudan, ser compinches. Siempre algún saludo por las redes tratamos de que no falte, especialmente para fechas especiales. Y hay otros ex atletas con los que seguimos teniendo un trato casi cotidiano e inclusive son mis colaboradores. Algunos ya son colegas. Y otros tantos se paran a tu lado y te dicen ¿"Se acuerda de mí?", "Yo fui con usted a atletismo cuando era chiquito", y te agarras la cabeza porque en el momento no sabes quién te habla” comenta risueña y con emoción la profe Garzón.

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Ve como algo “mágico” la práctica de deportes y la transformación que se logra a través del mismo “sabemos los beneficios que aporta la práctica del deporte en todas las edades y etapas de la vida. Pero hay algo que es mágico en todo este proceso, y tiene que ver con la transformación que sucede en ese ser que decidió hacer este deporte. Ese ser que era desordenado, distraído, inseguro, ansioso, para nada técnico, que venía y no sabía porque. Un día lo ves sentarse, abrir su bolso, cambiarse, concentrado, decidido, ordenado, disciplinado, preguntando, ayudando a otros, abrazando y hablándole a otros, hidratándose, comiendo una fruta al finalizar, viviendo cada momento, confiado porque sabe que PUEDE, y que lo que hace es valioso. El deporte no es una medalla, un trofeo o un podio, el deporte es más que eso. Te colma de valores y actitudes para la vida”.

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Finalmente señala “elegí ser entrenadora, porque el entrenador antes que entrenador es y debe ser docente. Siempre me gustó enseñar, y siempre he querido compartir y enseñar lo poco o mucho que me dejo este deporte. Y me gustan los desafíos, el desafío de lograr que ese niño/a aprenda, que se apropie de ese conocimiento. Y apropiándose le dará su impronta también”.

Es la Profesora Adriana Garzón, con la simpleza y humildad que la caracteriza, la misma con la que transita la vida y entrena a cada uno de sus atletas. Lo que le enseñaron y lo que enseña, todo vuelve.