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Tiempo de cosecha: Merecido premio al cantautor Agustín Cristiani

El esquelense ganó el 1° premio entre casi 200 obras del país y América. Sacó un nuevo disco y sigue latiendo música con esa vieja costumbre de emocionar.

Por Milagros Nores

 

 

“Vi la letra y supe que era para mi canción” revela Agustín Cristiani, el músico esquelense de la voz profunda, que por primera vez decidió participar de un importante concurso de composición musical a fin de junio y lo ganó entre más de 180 obras de Hispanoamérica, además de otra mención especial por una segunda canción.

 

 

El destino del premio de cien mil pesos que otorgó la Fundación Luciérnaga es un buen empujón al futuro “Estudio de los Vientos”, su refugio creativo y de grabación profesional. En plena pandemia, comienza a tomar forma en una locación propia, a partir de este reconocimiento que llega en buena hora, en una época compleja.

 

 

 

 

 

 

 

 

El trasfondo de la canción ganadora, que puso música a un texto del escritor Juan Luis Gardes es curioso. Es una obra que compuso hace diez años para un proyecto trunco que le dejó un sabor amargo y finalmente tuvo su revancha. “Me había roto el lomo para ese proyecto, me había frustrado mucho cuando no salió y quedó en la penumbra, en un cajón. Cuando vi el texto del autor no tuve dudas: era para mi canción. Había empezado la cuarentena y me traje los equipos a casa. En tres horas grabé la canción y la mandé con mi voz. Sabía que podía ganar” relata. En pocos días lo llamó el mismo escritor de los textos para avisarle que había ganado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los premios no son casualidad, pero llegan muchas veces para confirmar un rumbo, o cambiarlo, con un efecto reparador en músicos de larga trayectoria como la de Agustín, que suma ocho discos, participa de distintos proyectos musicales y cuenta con un ciclo de documentales sobre músicos patagónicos desconocidos. Y mientras, despunta el vicio participando de la banda local Kul Patuya.

 

 

 

 

Con Esteban Morgado en el Auditorio de Esquel
Con la banda de reggae y cumbia Kul Patuya

 

 

 

Agustín reflexiona que no hace canciones para “salir a tocar”, para exhibirlas. Eso es secundario, “aunque cuando estoy en el escenario no me quiero bajar” reconoce y agrega que le gusta “la cocina de la música”. Hace música para vivir, para respirar, para olvidar, para “sacarse las ganas”. De hecho, gran parte de su obra no ha sido aún presentada en público. Y así va, emocionando al que se atreve a recorrer su trabajo y sus versos anclados en la tierra que lo vio nacer pero con influencias y corrientes musicales de sus viajes y vivencias.

 

 

 

“La pandemia me vino de diez. Me conecté conmigo como hace tiempo no lo hacía” asegura y en esa iluminación salió un nuevo disco: “13 acordes en tiempos de encierro” que ya está disponible online.

 

 


 

 

Una de las revelaciones para Agustín fue descubrir a Atahualpa Yupanqui. “Creo que en 2008 hice un clic cuando descubrí lo que significaba en un documental. No es que no lo conocía sino que tomó un sentido para mí. Lo escuché hablar, y no fue solo su música sino que empecé a leer sus libros: Cerro Bayo, El Canto del Viento o el Payador Perseguido y se me abrió la cabeza. Empecé a ver la vida de otra manera, lo esencial, el amar aquello simple, la tierra, y mirar a los que menos tienen. Este tipo de gente que él conoció, rodeado de una naturaleza genial que tenemos nosotros acá como la estepa, el viento, lo inhóspito, todas esas cosas que forjan a una persona. Y esa gente perdida en los lugares, que nos tienen que importar a todos. Saber que existen, que están relegados, olvidados” reflexiona.

 

 

Así lo expresa en esta zamba homenaje del disco “Sueño Táctil”: “Zambita Atahualpera, guitarra nochera, silencio y dolor, pensamiento dulce de la madrugada, crayones de sombra en la puesta del sol, un telar de estrellas detiene la noche. Te canto esta zamba, te sueño y me voy”. 

 

 

Otra de las canciones de ese mismo disco está inspirada en Cushamen, rincón de su familia donde pasó su infancia:

 

 

“Un rígido remolino arenal, despeina tu soledad”.

 

 

 

 

 

Es un poco como él dice: “el pago de su tierra florece en la garganta”. Agustín le canta a un amigo, a un amor, a Latinoamérica, a las mineras, a Atahualpa, a su hija Mora, al viento, a la estepa y su gente olvidada. Cada tanto concede algún show íntimo con el dúo Míguez-Cristiani o participa en alguna fiesta regional y ahí saca su potencia, siempre sin estridencias, desde la convicción y solidez de un artista que tiene todavía mucho para contar.

 

 

 

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