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Nadie ahorra en pesos ¿cuándo y por qué dejamos de creerle?

El Licenciado en Administración Jorge Junyent analiza las conscuencias en nuestra economía la locura por el dólar.

 

 

 

 

 

 

 

Con la alta cotización del dólar en los últimos  cierres de operaciones, uno no puede dejar de hacerse una serie de preguntas.

 

*¿cuándo y por qué dejamos de creerle al peso?

 

*estar locos por el dólar, ¿qué consecuencias tiene para nuestra economía?

 

*¿qué problemas nos trae demandar más dólares que los que producimos?

 

*¿por qué cuando sube el dólar suben los precios en el Supermercado?

 

Muchos interrogantes, pocas respuestas, un único escenario, de incertidumbre plena.

 

 

En casi todo el mundo se usa una sola moneda, nosotros, como siempre singulares, está claro que no. Usamos por lo menos dos, el peso y el dólar. Las operaciones importantes en nuestro país, están expresadas en la moneda fuerte.

 

 

¿Será que tener dos monedas representa un problema grave para la economía, o será grave no conseguir confiar en la moneda propia?

 

 

Dicen los economistas que tener moneda propia le permite al país tener la potestad de administrar su propia producción y su valor en relación a la de otros países. En castellano, hacer que el peso valga más o menos en relación a la competitividad de sus sectores económicos.

 

 

Si repasamos nuestra historia reciente, podemos ver que después de un resultado adverso en las elecciones primarias, le dejaron el dólar en torno a los $ 60 en una semana. Hoy, al Presidente Fernández, que lo había maquillado de solidaridad para disuadir a los argentinos de su compra llevándolo a algo más de $ 80, con este barullo de la pandemia y el aislamiento lo llevaron a tocar los $ 140.

 

 

Si uno no mira con demasiada profundidad el tema, podría concluir ¨a priori¨ que las corridas son mucho más corridas contra la capacidad de los gobiernos de preservar Activos de Ahorro dentro del país.

 

 

Vale recordar también, que en algún momento de nuestra historia tuvimos un Presidente que optó frente a sobresaltos de la misma naturaleza, establecer el Modelo de la Convertibilidad, y atar nuestra moneda local al valor del dólar. Un peso equivalía a 1 dólar.  Con esta definición, el Estado Argentino, se privó de hacer política monetaria durante por lo menos 10 años.

 

 

Los más memoriosos recordarán que la salida de ese modelo rígido, fue catastrófica. Vivimos las consecuencias dramáticas, de haber perdido la capacidad de decidir sobre lo nuestro. Entonces, la dolarización más que resolver el problema, lo eliminó, y al eliminar las posibilidades de suavizar las fluctuaciones económicas, generó el desaguisado que todos sufrimos.

 

 

El interrogante que me asalta ahora es ¿qué pasa entonces cuando el peso no es la moneda de referencia para todas las transacciones?

 

 

En economía nos enseñaron que la moneda debe cumplir con una serie de requisitos:

 

1. Servir como medio de pago (facilitar el intercambio de un bien por otro, una especie de aceite del trueque)

 

2. Servir como unidad de cuenta (se expresa el valor de la mercadería en esa unidad de cuenta)

 

3. Patrón de pago diferido (pago de deudas a lo largo del tiempo en esa determinada moneda)

 

4. Servir como reserva de valor (para mantener un ahorro)

 

De esas cuatro funciones nuestro peso sólo cumple con la primera, es decir sirve como medio de pago. Nadie ahorra en pesos.

 

La evolución del valor del peso, expresa la enorme dificultad del Estado Argentino para regular la Economía.

 

Esta situación pone en claro, de qué manera las pruebas que ha ido haciendo la elite política para regular la Economía han fallado todas.

 

Todos cuando compramos o vendemos algo muy valioso para nosotros, buscamos otro valor de referencia para poder hacer las cuentas.

 

 

Entonces, podríamos afirmar que lo que atenta contra el poder adquisitivo es la inflación, no la devaluación. La inflación es la que determina el poder adquisitivo y sobre todo la estabilidad del poder adquisitivo de los ciudadanos argentinos.

 

 

¿Qué pasa con nuestros dólares y su valor? ¿Es mejor que el dólar esté barato o que este caro?
Cuando tenemos u$s barato, suben las importaciones, a los productos locales les cuesta más el mercado internacional, entran productos de afuera que desplazan a la producción nacional, eso afecta a la producción y al empleo. Menos Producción implica menos empleo.

 

 

Dólar caro nos vuelve más competitivos en el mundo, entran más u$s por nuestras exportaciones, se encarecen las importaciones y se desarrollan muchos sectores nacionales que tienden a comprar más producción local.

 

 

Nada se resuelve en términos absolutos. Hay que encontrar un equilibrio. No es nada fácil. Ese es el síntoma de nuestra dificultad con el dólar hoy tocando los $ 140 por unidad.

 

 

Una moneda es un hecho social. Depende sólo de nuestra creencia. Si no creemos en nuestra moneda, esta no funciona. Pero a su vez es un hecho, por más que rompa el billete que tengo en el bolsillo, el billete no deja de valer.

 

 

Un hecho social es un fenómeno armonioso que funciona como cuando tratamos de bailar con alguien, necesitamos adaptarnos al otro, acompañarlo. La moneda funciona bien o mal cuando nos acompañamos bien o mal.

 

 

Tenemos que bailar de otro modo. Tenemos que encontrar el ritmo de nuestra actividad económica. Cuando nos demos cuenta de eso vamos a dejar de limitar la compra de dólares y va a dejar de costar $ 140 por unidad. Realidad o imaginería de cuarentena. El baile de hoy sólo nos ha dejado pisotones.

 

 

 

Jorge Junyent

Licenciado en Administración

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