Especiales |

Mensajes al Poblador: potencia de radio donde no hay 3.0

Es la vía de comunicación por excelencia de pobladores rurales y un hondo reflejo social de la Patagonia. Recuerdos de voces queridas: Adelia Ocampo y Félix Baliente.

Por Milagros Nores

 

 

“Si llego a la señal les aviso” les dijo un poblador a los locutores Adelia Ocampo y Raúl Carello aquella mañana en LRA9 Radio Nacional. Era un mensajero conocido, un hombre mayor que vivía solo en la meseta. Estaba por emprender un trayecto en medio de la nieve. Al rato sonó el teléfono en el estudio: “Díganle a Adelia y a Raúl que llegué bien”.

 

 

Los mensajes al poblador rural son como hilos invisibles que se tienden cotidianamente entre el campo y la ciudad, a lo ancho y largo de la Patagonia. Son avisos, encargos, declaraciones, buenas y malas noticias que exponen con sencillez la realidad de sus habitantes. Una voz de radio los pone a volar para que lleguen a destino. A kilómetros de distancia alguien los está esperando…

 

 

 

Foto: Jorge Piccini- Libro “Mensajes al Poblador Rural”

 

 

 

Con una empecinada vigencia, estos mensajes se valoran hoy como patrimonio cultural de las radios de la región y en la cordillera son la esencia misma de la Radio Nacional Esquel, desde hace más de sesenta años, con una cobertura cercana a los 300 km, hasta Chile. Aún hoy se llevan personalmente a la radio por el autor, en un papelito doblado, se transmiten oralmente o a través de un llamado telefónico, y desde hace un tiempo no muy largo, a través de whatsapp y redes.

 

 

“Se le avisa a Mariela de La Fragua que su padre no va a poder ir a buscarla por no tener rueda de auxilio, ni naspta (textual) para el auto, que se venga en el camión de la mercadería”.

 

“Dora: Te dejé la pava y el mate en tu armario. No lo dejes hafuera. Chao” (textual) 

 

“Al payador Irineo Aguilera, la comisión le pide que hoy a las 20 horas esté en Las Plumas y que no se olvide la guitarra”.

 

 

 

La hora de esquila, la espera en la tranquera, el paso del camión, una vaca que se cruzó el alambrado, el clima, y todos los acontecimientos del habitante del campo y la ciudad se condensan magistralmente en este servicio radial. Su efectividad supera ampliamente a la tecnología 3.0, siendo que en gran parte del territorio patagónico la simple conectividad es un concepto lejano.

 

 

La paciencia le sobra al hombre de campo y religiosamente estará allí, a esa hora, para prender su radio y oír sobre nacimientos, defunciones, cumpleaños, visitas al médico, detenciones, la visita tan esperada y tantas noticias de la vida misma de los habitantes de la ruralidad.

 

 

 

 

Foto: Jorge Piccini-Mensajes al Poblador

 

 

 

 

Un protagonista de esos envíos, ya jubilado, es el locutor Félix Baliente, quien comparte recuerdos que atesora. “Los mensajes se escribían a mano y había que interpretarlos. A veces directamente te abrían la puerta y te entregaban alguno y los tenías que leer, por eso los balbuceos propios de la inmediatez o incertidumbre de qué decían. Había situaciones y expresiones que daban risa, porque además uno se imagina lo que está leyendo, pero con el tiempo uno empieza a entender el mensaje adónde va, cómo va y por qué va y siempre el respeto por los mensajes era la consigna fundamental. Llegábamos a leer mensajes al aire durante 15 minutos o más”.

 

 

“Era tal el éxito de los mensajes al poblador que una vez el Correo puso el grito en el cielo porque competían con los telegramas. Entonces hubo una resolución que nos obligaba a no leer el mensaje, había que mandar a la gente al correo, pero eso tenían que pagarlo y entonces al tiempo, por suerte, se dieron cuenta de que no funcionaba y quedó sin efecto” detalla.

 

 

#EnVideo una de las últimas participaciones de Félix Baliente en los Mensajes al Poblador Rural, junto a Omar Rastelli. Momento captado por Mauro Mateos.

 

 

 

 

 

Adelia Ocampo es otra locutora ya retirada pero por siempre recordada con afecto por la comunidad de LRA9.  “La gente que calentaba las pilas en papel de diario para que no se les gastaran cuando terminaba la emisión de mensajes, y las volvían a poner en la radio al siguiente horario de transmisión. Imaginate que los mensajes son una red, porque suponte que yo le avisaba a Moncada de Piedra Parada que el camión iba a pasar por Paso del Sapo en tal horario y él armaba su día en función de eso, si tenía que mandar algo para acercarlo al camión”.

 

 

 

Adelia Ocampo y Raúl Carello-LRA9 Esquel

 

 

 

Adelia rescata “ese amor que tiene la gente por tu voz y cómo después va a la radio a conocerte especialmente”. Al principio también cumplió el rol de Recepción de Mensajes. “Yo recibía al mensajero y tenía que transcribir para pasarlo a estudio. Con el tiempo te hacés muy canchera en interpretar lo que quieren decir. Algunos no sabían escribir y uno lo captaba, te decían “a ver, escríbalo usted a ver cómo lo dice, yo lo que quiero decir es (tal cosa)” entonces era leérselo y preguntarle si le parecía bien”.

 

 

“La gente caía a la radio porque estaba pendiente de los mensajes en función de nuestra voz -sigue Félix- A mí me reconocen mucho por esto. En un momento fue Roxana Giorgia, de la redacción de la radio, la que transcribía los mensajes y los pasaba a una computadora. Ahora, muchas veces venían a la radio para decirnos “yo no quise decir eso”. Claro, no los podías refinar. Recuerdo que una locutora no le gustaba decir “caballo” y entonces decía, “equino” y ahí se enojaban los oyentes.

 

 

Foto-Jorge Piccini-Libro “Mensajes al Poblador Rural”

 

Foto-Jorge Piccini-Mensajes al Poblador Rural

 

 

En el mismo sentido, Adelia comenta que “Teníamos una hermana, una monja —María Cristina— que vivía en Gualjaina. Era nuestra maestra en la radio, la escuchaba desde que se levantaba hasta que terminaba el día. Nos enseñaba, y nos llamaba por teléfono. Pedía hablar conmigo “Mirá querida vos hoy dijiste que ‹hay probabilidad de precipitaciones› y a mis paisanos no les sirve eso. Decí que está por llover, porque ellos no saben qué ponerse y van atrás en la camioneta”. Ahí te das cuenta la sencillez del lenguaje, cómo llegar porque el tema es comunicarte y no cambiar el sentido“.

 

 

“Hubo una vez en que se estaba hablando en código y nosotros en lugar de decir las 20 horas como decía el mensaje, dijimos las 8 de la tarde y complicamos todo —rememora Félix—Una vez me enteré que para hacer huelga los docentes se mandaban mensajes en código y nosotros no estábamos enterados”.

 

 

Los únicos casos en que se podía cambiar el sentido era con situaciones de violencia o amenazas, a las que había que quitarles el tono dramático, explican.

 

 

 

 

Foto: Jorge Piccini-Mensajes al Poblador Rural
Foto-Jorge Piccini-Mensajes al Poblador Rural

 

 

El humor y los códigos de campo, presentes en los mensajes 

 

 

Una de las anécdotas que se comparten entre los oyentes y trabajadores de la radio habla sobre “lo convenido” aquél acuerdo tácito entre emisor y receptor que durante largo tiempo generó la intriga de los locutores. “Llegaba la época de las fiestas y empezaban los mensajes diez o veinte días antes: “a fulanito de tal que por favor no se olvide de lo convenido, para el 20″  y siempre de lo convenido eran tres, cuatro, bastante cantidad en esas fechas —explica Adelia— Un día preguntamos a una de esas personas “¿nos dice qué es lo convenido?” y nos explica que son los encargos de corderos o chivos”.

 

 

 

Foto-Jorge Piccini
Foto-Jorge Piccini

 

 

“Situaciones incómodas o graciosas había muchas —reconoce Félix— En una oportunidad, nos pasan un mensaje de la policía, porque ellos a través de radio policial recibían mensajes de todos lados y para colaborar nos los acercaba a nosotros. El locutor había leído que se había extraviado un caballo a las dos de la tarde, y a las cuatro aparece otro mensaje: “Se le comunica a fulano de tal que el caballo apareció –pero hace una pausa y no se da cuenta de que seguía abajo la mala noticia entonces pone voz muy grave y agrega— “pero muerto”.

 

 

Interpretar bien no era poca cosa. “Una vez una locutora nueva lee un mensaje y yo me empecé a reír al aire —comenta Adelia— Decía “se le avisa a fulano que mande el chico en el bolso negro” y era el “bolso negro chico”.

 

 

La voz del locutor en este servicio radial es un instrumento poderoso, pero más que nada vital. “Cuando fue lo del volcán, o las inundaciones en Cushamen, yo sentí que no tenía miedo, que desde la Radio podíamos salvar situaciones de personas aisladas o con cualquier necesidad” destaca Adelia.

 

 

La gente de campo sigue acercando a los locutores de Radio Nacional su afecto personalmente. “Siempre me enseñó conocer a tantos pobladores que vivían humildemente y al preguntarles ‹¿cómo está?› siempre respondían que no les faltaba nada, que estaban muy bien, con salud, y con lo necesario —relata Adelia— Hasta el día de hoy me llaman al fijo de mi casa y me dicen ‹sabés qué Adelia, cuando vos empezabas la mañana yo ya me quedaba tranquila›; o me frenan en el supermercado: ‹¿Usted es Adelia? Yo la escuché toda mi vida en el campo› o también ‹Yo me crié con vos en la radio› Y esas cosas te golpean el pecho, sentís que es el mejor vuelto de tu trabajo.

 

 

Homenajes a los Mensajes al Poblador Rural 

 

 

Un documental de la esquelense Candelaria Castiarena “Mensajes en el Viento” fue presentado mientras estudiaba en Italia la carrera de Diseño Multimedial, en el año 2013. “Quería mostrar algo sobre mi lugar y recordé que existían los mensajes al poblador rural, algo que allá no existe”.

 

“Fue una sorpresa porque de ese trabajo surgieron tantas historias de vida para continuar algún día”.

 

 

 

Mensajes En El Viento sub Ita from CHATA Film on Vimeo.

 

 

En el año 2019 llegó un maravilloso homenaje a este servicio de las AM patagónicas que inspiró las imágenes del fotógrafo Jorge Piccini radicado en Bariloche, que luego compiló en un libro. El autor logró obtener los mensajes originales y retrató durante quince años al poblador rural.

 

 

 

Foto: Jorge Piccini-Libro “Mensajes al Poblador Rural”

 

 

Agradecimientos: Mauro Mateos, Candelaria Castiarena, Jorge Piccini, Raúl Carello