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"Sos mi mejor mamá": Rocío y Bibiana, una historia de amor a corazón abierto

Se empeñan en vivir de la mejor manera posible el día a día. El alma curtida por la ausencia y el amor las pone a prueba, pero eligen reconstruirse para sanar

Créanme que es un gran esfuerzo presentar la entrevista con Bibiana Campodónico y Rocío Esteban sin caer en lugares comunes. El amor las une hasta el infinito, y ustedes pensarán que es una obviedad si hablamos de una madre y su hija. Y es así. Pero este amor se resignifica una y otra vez de la mano del dolor y la ausencia. Sin embargo, las dos mujeres, bien plantadas, intensas y firmes han logrado construir otra vida desde ese lugar.

La historia de ambas, para muchos, se hizo conocida con la partida de Lorenzo Rossi, el hijo de Rocío y Sebastián que fue atropellado y muerto por una moto la fatídica noche del 24 de diciembre del 2017. Imposible decir Nochebuena. Lo embistió una moto conducida por un menor, que huyó del lugar. Fue derivado a Comodoro y falleció horas después.

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Y comenzó otra vida.

La historia de estas dos mujeres en su rol de mamá transitó caminos muy diferentes. Bibiana quedó embarazada a los 26 años y Rocío a los 19 con todas las dudas que eso significa.

"Pensaba mucho cómo vivía algo dentro de mí, cómo yo estaba pudiendo dar vida. Era descubrir eso, que podía dar vida. Fue maravilloso. Lo más lindo de todo eso fue que era solo mía, no la compartía con nadie y también lo pensé en el segundo embarazo. Era mi bebé" recuerda Bibiana con emoción.

Lo de Rocío fue muy diferente. "Tenía 19 años cuando quedé embarazada, a los 20 lo tuve y me acuerdo que mi primer día de la madre lo tenía en la panza. Fue para mí muy especial, yo no lo quería compartir con nadie. Pero no el no querer físicamente sino la novedad, por el hecho de que era muy chica, qué iban a decir mis viejos."

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El principal temor era cómo contárselo a la familia, finalmente todo fue más sencillo de lo esperado "Le cuento a una de mis primas que es como una hermana para mí, ella le cuenta a mi mamá y mi mamá me llama un día y me dice: “Estoy acá con la abuela Mari, esperando que me des la noticia para descorchar el champagne”. No me olvido más. Estaba de 3 semanas más o menos."

El proceso de la hija casi adolescente a mamá resultó más difícil de abordar con su papá. Habían pasado casi dos o tres meses cuando él mismo le dice ,“necesito hablar con vos Rocío". Hoy con una sonrisa recuerda que estuvieron dos horas y media hablando en el auto y "cuando miro que hay un regalito de futura mamá se me hizo un nudo y pensé “¿cómo se lo digo si ya lo sabe?”. Así empezó todo" cuentan los ojos transparentes de esta joven mamá.

La llegada de Lorenzo, como la de Rocío, estuvo rodeada de amor, aún en circunstancias diferentes. Rocío recuerda con alegría aquellos primeros minutos de contacto con su hijo. "Después que nació yo lo miraba y decía “es Lorenzo, es mi hijo pero era muy morocho" recuerda entre risas.

Lorenzo nació por cesárea. Esta leona que hoy vemos recordando a su pequeño, era una joven atemorizaba e inquieta por lo que venía. La definición de los médicos y la asistencia de la querida pediatra Carmen Quintana para recibirlo fue clave. Rocío no pudo darle la teta inmediatamente, le dieron la mamadera y Lolo durmió 24 horas. "¡¡¡Ahora cuando se despertó!!!" recuerda con la mirada instalada en aquel momento y una sonrisa instalada en su cara.

Mientras tanto Bibiana, que vivía en Bariloche, sobrevoló el camino para acompañar a su hija y conocer a su nieto. "Fue un hijo. También mío, te juro que así lo siento. Como un hijo, muy especial por supuesto. Nieto viene después en malcriar por ahí, pero el sentimiento es de un hijo"

Historia de madre e hija Bibiana y Rocío

El "certificado" para dejar la teta de la querida Carmen Quintana

Dar la teta es un momento de amor infinito, de miradas interminables y amorosas que perduran por siempre. Pero es un tiempo. Rocío recuerda entre risas el "procedimiento" que tuvo que hacer con la complicidad de la pediatra Carmen Quintana para convencer a Sebastián que dos años de vida era un tiempo prudente para dejar la teta.

La tarea de la abuela Bibiana y las risas de la anécdota.

El día que Lolo dejó la teta

A partir de este momento también Bibiana descubrió en Rocío una mujer independiente aunque con necesidad de la asistencia de mamá. Probablemente con esa conexión que se construye desde el día uno del vínculo y que en los momentos claves de la vida se potencia.

"Yo fui muy pegota de mis hijos y mis hijos muy pegotes míos. Donde iba me llevaba a mis hijos, éramos 3. Nunca me molestaron, para mí era natural disfrutarlos" remarca una y otra vez Bibiana. De todas maneras se definen ambas como "intensas" .

"Tengo un carácter muy especial. No es de malhumor, pero tengo muy cortito el hilo. Tengo un humor ácido, pero me banco lo que digo. Siempre te voy a ser fiel, jamás te voy a traicionar y si te tengo que decir algo te voy a sentar y cuando te siento vas a escuchar, te guste o no te guste" señala Bibiana mientras Rocío asiente con la mirada.

También lo comparte y destaca que su mamá siempre estuvo presente "siempre que la necesité estuvo, en mis mejores y en mis peores momentos. Somos muy explosivas las dos. Somos diferentes obviamente, pero soy muy ella al momento de enfrentar o ser guerrera en muchas cuestiones. Lo vi en ella desde que crecí, ser una mujer guerrera. A veces no es fácil criar a tus hijos, una sabe cómo es como madre y como hija".

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Construir

La vida les puso por delante el dolor que llega a la entraña de una madre y las obligó a convivir con eso. Sin embargo poco a poco van construyendo, moldeando la vida como pueden y transformando las lágrimas en logros y emoción.

El trabajo que realizan con la escuela vial "Lorenzo Rossi" es la mejor muestra de ello. Vuelven a elegir a los niños como multiplicadores de información a sabiendas que en cada uno de esos ojitos está su hijo.

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EQS: —Es muy notable en esta historia que ustedes tienen cómo lograron poner todo ese dolor en positivo, porque siguen construyendo. El trabajo con la escuelita vial, elegir hacerlo a través de los chicos con lo que eso significa ver correr a cada uno de esos nenes…

R: —Uf… ayer tuve una experiencia muy llegadora. Lorenzo era una persona muy sociable, que eso a mí me destaca un montón porque yo soy igual, de muchos amigos, de hablar y no parar. Hicimos un par de recorridos en los barrios y llegamos al barrio Estación donde hay una cancha de un club. Ver a los chicos ahí me quebró, porque veía en cada uno de ellos la forma que tenía Lorenzo de todas estas cuestiones, de jugar al fútbol en el barrio con los pibes, y decís no me gusta este, quiero ir al otro y allá íbamos a la otra punta para que él juegue al fútbol -dice entre lágrimas-. Lo veía mucho a mi hijo ahí, para mí fue fuerte. Si bien una a veces se considera roble, en estas situaciones te quebrás porque era verlo a él.

Fuerza

No es una pregunta original. ¿De dónde sacás fuerza? le pregunté a Rocío y admite que mucha gente se lo plantea. Del mismo motor de siempre. "El motor de una mamá son los hijos" responde con tono de obviedad. Y tiene razón. Es obvio.

Bibiana coincide y vuelve a abrazar a su hija "empezás a entender con el tiempo que la vida sigue y que tiene que ser constructivo para calmar algo. A Lorenzo lo busco todos los días en los niños de 14 años, vive todos los días conmigo".

Y finalmente, la guerrera, aún con lágrimas en los ojos, envía un mensaje de amor a las mamás y habla del "privilegio de verlos despertar, que te den un abrazo, que te digan “mamá, ¿querés un mate?”, “mamá te amo”, el escuchar cada palabra o cada sonido de esas letras es lo más especial que una madre puede recibir ese día y todos los días de su vida."

Madre e hija: la fuerza para afrontar el dolor

Puro Lorenzo: "Sos mi mejor mamá"

Sólo la reflexión final de Rocío: "Que no dejen de abrazar, de besar, que no dejen de mirarlos a los ojos, que no dejen de ver la belleza que camina adelante o al lado de ellas. Son momentos únicos que hoy a mí me ayudan a seguir viviendo, a seguir respirando. Eso es lo que a mí me mantiene viva, la energía o la fortaleza o las ganas de vivir. Eso me ayuda a mí hoy, tener todos esos recuerdos. No sé si fui buena o mala madre, pero sé que jamás dejó de abrazarme, de decirme “sos la mejor mamá del mundo, sos mi mejor mamá”. Era la única, pero él decía “sos mi mejor mamá”.

"Al final te das cuenta de que hoy los tenés y mañana no y no sabés cómo expresar. ¿Qué les puedo llegar a decir? Que presten atención a cada una de esas cosas".

No hay mas palabras, lo que sigue es el beso y el abrazo que te nazca. Ni más ni menos que eso.