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Fiebre de vinilo:“En Esquel tenemos joyas que no se consiguen”

Marcos Alejo y Marcelo Macayo, dos grandes coleccionistas de vinilos, cuentan de qué se trata esta pasión por el formato analógico que sigue creciendo entre nostálgicos.

Por Milagros Nores/Producción audiovisual: Juan Balestra

 

 

Vinilo, divino tesoro; Vinilo Not Dead; Vinilo, un sentimiento. Son leyendas de remeras, pero pueden graficar la pasión por este formato musical que resurgió de las cenizas luego de más de una década de olvido. Hace poco la industria difundió que la venta de vinilos en Estados Unidos por primera vez le ganó al CD, desde los años ´80. En un regreso con gloria, la industria de la alta fidelidad musical convive pacíficamente con formatos digitales a velocidad de clic.

 

 

La sostienen DJ’s, nostálgicos y coleccionistas. De estos Esquel tiene varios aficionados a los vinilos, con perlitas “muy buscadas”, aseguran Marcos Alejo y Marcelo Macayo, dos coleccionistas que entre ambos deben llegar a las seis mil unidades. Sin olvidar detalle, abren las puertas de este mundo melómano que los absorbe hace muchos años y a modo de avance reconocen que para un coleccionista “nunca es suficiente”.

 

 

 

 

 

 

La pasión por atesorar y la ceremonia de disfrutar 

 

 

En contraste con la forma de escuchar música de estos tiempos, el vinilo se disfruta sin apuro, a conciencia, tanto por el cuidado para manipular cada pieza como la ceremonia de posar el disco en la bandeja, apoyar la púa y esperar que el equipo (un gran equipo) le dé alas a ese sonido, el de mejor calidad que aún persiste, según los especialistas. Todo esto también deja al descubierto una pregunta: ¿y quién pone la música? Claro. Pocos. Uno, o dos. Escuchar música en vinilo es para todos, hacerla sonar es un acto de delicadeza que no admite demasiados participantes.

 

 

En el quincho de Marcelo Macayo, las bateas con vinilos se extienden por los costados de las paredes con un protagonismo que se impone en la decoración. La evidente necesidad de explayarse es una de las contras del vinilo, un formato que no resulta práctico para quienes cargan su vida completa en un celular. Transportar vinilos tampoco es fácil, ni hablar de tener lugar donde exponerlos. De todo eso, pueden dar consejo las familias, que resignan espacios propios y se terminan rindiendo ante el fervor coleccionista de alguno de sus miembros. “Esto lo disfrutamos todos”, explican Marcos y Marcelo, pero sueñan con “ese” día en que tendrán un lugar exclusivo para “ubicar” su considerable catálogo.

 

 

 

 

 

 

 

EQS: —¿Cómo se conforma el mundo del vinilo local? 

 

Marcelo: —Nosotros nos conocemos de hace tiempo con Marcos. Él lleva más años coleccionando discos. Y en Esquel somos varios, con algunos DJ. Fuimos invitando para que formen parte del club oficial de coleccionistas. El argentino es el más grande del mundo: somos 50 mil. Estamos en tiendas online, tenemos conocidos que nos mandan los listados y así vamos pidiendo los discos entre los dos o a veces con otros.

 

Marcos: —Acá tenemos muchas joyas valoradas y muy buscadas que no se consiguen. 

 

EQS: —Compran nuevo y antiguo entonces. ¿Cómo funcionan los precios en un vinilo?

 

Marcelo: —Hay de todo. Hay nuevo, a precio euro o dólar, hay subastas también. Tenés discos de cien pesos y otros de 30 mil. Depende el género, el artista, si son originales o reediciones. Hay reediciones que se valoran porque traen alguna novedad como la que me compré por el aniversario del disco Abbey Road. El original de época lo tienen los coleccionistas, esos discos son más caros. Yo tengo muchos. Pero a veces pasa que por el placer del coleccionismo uno tiene un disco antiguo, pero no suena como un disco nuevo, que está digitalizado y perfeccionado. Todo depende de cómo lo cuidaron también.

 

Marcos: —A mí me gusta conseguir las primeras ediciones. Si no la consigo busco una reedición que sea cercana a esa primera. Tengo muchas ediciones originales.

 

 

 

 

 

 

 

EQS:—¿Cómo catalogan lo que van consiguiendo?  

 

Marcelo: En mi caso tengo mucho internacional y solista pero me he enfocado en el rock nacional. A lo mejor no son grupos que escuché mucho pero los quiero tener. Al principio me gustaba Gapul, un sello de música bolichera que hasta que no lo completé no paré: son más de cien vinilos. Ni hablar cuando salió el Catálogo de vinilos del rock nacional, hace dos años. Estamos todo el día con eso, buscando con mi hijo también. Es la primera vez que sale algo así en Argentina.

 

Marcos: Fue un muy buen trabajo y una buena guía. Figuramos como colaboradores, desde el Club, porque un miembro se encargó de compilarlo y se aportaron ideas, artistas…El libro es algo que complementa mucho al disco, en el momento de escuchar, uno se sienta, se relaja y mira ese material.

 

 

En mi caso, tengo todas las bandas que me gustan. El rock nacional trato de tener pero es más caro. Dentro del espectro del rock tengo mucho. Y después divido en solistas internacionales, jazz, tango, folklore que pertenecía a mi familia, música clásica… Tengo una sección de lo que es bandas nuevas. Si hay una banda que quiero descubrir o que no tengo nada pero no soy fanático capaz busco un buen compilado. Soy clásico para escuchar, así que me perdí un poco con lo que es más nuevo, pero lo que nos pasa es que vamos descubriendo igual todo el tiempo. 

 

 

#EnVideoEQS el diálogo sobre los comienzos de ambos, sus primeros discos y lo que les gustaría conseguir:

 

 

 

 

 

EQS: —¿Cuánto les insume en lo económico y en tiempo ser coleccionistas? 

 

Marcos:Todo el tiempo estoy esperando discos o buscando novedades. Ahora me pedí un compilado de Simple Minds y de REM. Si podemos viajar vamos a ferias o buscamos en disquerías. Es constante. El año pasado me volví de Inglaterra con 40 vinilos. Ahí encontré un disco por una libra que en Argentina me lo querían cobrar 20 mil pesos. También conseguí la primera grabación de los Sex Pistols. Lo encontré en una cuevita. No lo podía creer, empecé a transpirar “tiene que ser mío”. Y al final no me lo cobraron tan caro.

 

Marcelo: -Es interminable. No vamos a decir cuánto se gasta, pero si un coleccionista está esperando algo lo va a pagar. En cuanto al tiempo, yo tengo todavía cosas sin escuchar. Ahora con el pretexto de ordenar para catalogar la colección en un excel, voy escuchando. Tenía tres cajas que pensaba que eran para descartar y resulta que me quedé con varios discos que ni conocía. Son revelaciones que siempre aparecen.

 

“Si nos gusta lo que escuchamos lo queremos en vinilo” dicen #EnVideoEQS

 

 

 

 

EQS-¿Hay alguna tendencia que marque los gustos o los pasos que van dando los coleccionistas? 

 

Marcelo: -No, los valores del mercado. Es un poco como cuando dicen que se muere el artista y el precio se va para arriba. Lo otro que marca el precio es si salieron pocas tiradas. Por ejemplo Riff, una banda argentina que sacó doce o diez discos con muy pocas ediciones es cara.

 

Marcos: -Hay discos conceptuales carísimos, que ha hecho tal artista, el caso de Rocambole con los discos serigrafiados de los Redonditos, que a lo mejor salieron 500. Otro ejemplo es Pelusón of Milk de Spinetta.

 

 

EQS: -¿Cómo es ese momento vinilo para ustedes?

 

Marcos: -Lo que más disfruto son las mañanas del fin de semana, que no tengo que levantarme temprano. Ahí les digo a los chicos “bueno, se van a hacer otra cosa…” y pienso qué quiero escuchar. Lo comparto igual con mi familia porque además para mí no hay otro formato. Pongo en el celular cuando no estoy cerca de la bandeja, sino siempre es vinilo.

 

 

Marcelo: –Acá se escucha todo el tiempo en familia porque este espacio es de todos. Tengo hijos adolescentes así que lo bueno es que en los asados a cada uno le gusta algo diferente y vamos escuchando, cambiando, y así se comparte.