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Desembarco galés: Una historia llena de historias

En el 155 aniversario de la llegada de los inmigrantes galeses a las costas de Chubut, una de las historias que “vinieron para quedarse” en la identidad de la provincia.

 

 

Eran 153 personas que el 28 de julio de 1865 llegaron a las heladas costas de Puerto Madryn, en Chubut, en el velero Mimosa. Sastres, zapateros, campesinos, mujeres, hombres y niños. Muchas fueron las vicisitudes que debieron sufrir para llegar a las tierras que les prometían un nuevo horizonte.

 

 

Se recuerda hoy el aniversario 155 del desembarco galés, que luego siguió el curso del río Chubut hasta la cordillera, y ese viaje lleno de historias como la del sastre que hasta su último paso fue en busca de su sueño relatada por Amanda González, Licenciada en Letras y diletante de la historia patagónica.

 

 

 

“Llegaron a Puerto Madryn al anochecer del 26 de julio de 1865. El 27 el sol mostró con todo su esplendor el peladero que rodeaba el Golfo, imagen muy distinta a los bosques que había señalado David.

 

 

Podemos imaginar el momento. Podemos imaginar la alegría que siempre produce la llegada a puerto y también la desilusión ante la verdad desnuda. Los ojos muy abiertos y la razón plena de interrogantes.

 

 

Pero no era ocasión para largas reflexiones; tenían mucho trabajo por delante y la hora demandaba acción. Todo lo que aparentemente recién comenzaba les había costado mucho, ya; y hasta podían imaginar que el futuro traería mayores padecimientos. La libertad y la afirmación de su identidad tenían un precio muy caro. Allí estaban dispuestos a pagarlo.

 

 

No se puede determinar con precisión qué día  desembarcó David Williams.

 

 

Abraham Matthews escribió: “la tarde misma del día del desembarco”, (¿el 28 de julio?), “un joven soltero, David Williams, ascendió la ladera de una loma para reconocer los alrededores, ya no regresó nunca”. A.M. piensa que había perdido de vista el mar, confundido y desorientado caminó “hasta quedar exhausto y morir de hambre”. Agrega que “muchos años después”, en realidad dos años y medio después, aporto, encontraron sus huesos “junto con algunos papeles y restos de vestimenta, en las inmediaciones del valle y fueron enterrados en el Cementerio de la Colonia”.

 

 

Otros testimonios le permiten a David Williams de Trelew,  aportar más datos y hacer  una descripción emotiva de aquella noche, cuando descubren que David Williams de Aberysthwy había desaparecido.

 

 

Resulta válido presentar los hechos sintéticamente, respetando esencialmente los testimonios recogidos por los estudiosos.

 

 

Eran las primeras horas del desembarco. En la costa, en el lugar preparado para recibir al numeroso grupo, conocido hoy como Punta Cuevas, Edwin Roberts había construido un pozo para obtener agua dulce. La que sacaron era un poco salobre por lo que decidieron ir  a una laguna cercana, receptora de agua de lluvia, bautizada luego como Laguna de Derbes, en las proximidades de la estación de ferrocarril de Puerto Madyn, para cargar recipientes con agua dulce y mezclarla con la que tenían. David Williams, inquieto y servicial, recién desembarcado, pidió que lo esperaran porque quería ser de la partida. Partieron desde la costa  hacia el  interior no muy alejado del campamento. Hacía dos meses que no caminaba “largo” pensaría David. Los recipientes se llenaron de agua barrosa porque hombres y animales removían el lecho acuoso.

 

 

Regresaban, pero antes treparon una loma cercana para inspeccionar. Anochecía. De pronto comprobaron que faltaba David Williams. Comenzaron a llamarlo y ya lo hacían a los gritos. El testimonio lo aporta Richard Jones, que formaba parte del grupo.  La última esperanza permitía imaginar  que había regresado al campamento. No fue así. De inmediato, en grupo de dos o tres salieron a buscarlo. Lo llamaban, encendieron fogatas para orientarlo. Pero David Williams tenía otro propósito. Creo que no quiso oír su nombre ni mirar hacia los fuegos.

 

 

No es posible creer y aceptar que su nombre resonando  en las lomas,  las hogueras gigantescas  iluminando la noche, el ruido y el aroma refrescante  del mar no alcanzaran para orientarlo, si es que estaba perdido. Todo eso junto era una buena orientación para el que quiere ser orientado.

 

 

David Williams quería llegar, sin perder tiempo,  al valle prometido.  Alguien le oyó decir que sería el primero en llegar al río y había iniciado, esa misma noche, el camino hacia su sueño. No pensaba volver atrás.

 

 

Al día siguiente salieron a buscarlo; eran unos veinte hombres que intentaron hallar sus rastros y hasta un “indio manso” a caballo, los ayudó. Nunca más lo vieron.

 

 

David Williams de Trelew se pregunta ¿cómo el patagón no pudo seguir sus rastros?

 

 

Afirman que había cargado pan y por cierto, también tenía un recipiente con agua. En el exiguo equipaje, cargó el librito rojo, sus notas, sus poesías, sus reflexiones y el diario de Aaron. Iban con él las tijeras de “flamante sastre” o las tijeras de un original  poeta  zapatero “fabricante de botas”.

 

 

Dos años y medio después encontraron sus restos en el desierto patagónico. El lugar del hallazgo nos permite asegurar que  David Williams no estaba ni confundido, ni desorientado. Estaba a pocos kilómetros del río, a pocas horas de cumplir su sueño”.