El monumento al velero "Mimosa" fue escenario del acto central en Trevelin que, organizado por la Asociación Galesa con la colaboración de la Municipalidad de Trevelin y Sus Parajes, conmemoró la llegada de los primeros galeses a tierras chubutenses.

Presidió el acto el intendente Héctor Ingram, quien estuvo acompañado por la presidenta del Honorable Concejo Deliberante, Valeria Tedesco, los ediles Carlos Ríos y Mirna Pugh y los secretarios Belarmino Álvarez (Coordinación), Alberto Cleri (Gobierno), Leonardo Mosquera (Cultura), y Nicolás Ewdokimoff (Ambiente). Estuvieron además integrantes de la Asociación Galesa encabezada por su presidente, Randal Rowlands.

La música galesa, como es tradicional, estuvo presente, en este caso a través de Alejandro Jones y Alberto Williams.

VENCER AL TIEMPO

Ingram pronunció un discurso que fue destacado por los integrantes de la colectividad galesa, luego que señalara que "no sólo que aquella fecha del 28 de Julio de 1865 no fue cubierta por el manto de niebla del olvido, sino que cada día va tomando mayor relevancia aquel desembarco de los primeros galeses a las costas del golfo nuevo".

"Aquella gesta llega a nosotros generación tras generación, y se presenta como un ejemplo. Ejemplo de lucha por la libertad; de defensa de una cultura, de un idioma. Ejemplo de cómo no claudicar ante los bravíos océanos o áridos desiertos. De cómo enfrentar sequías que quemaban el trigo o inundaciones que se llevaban los pocos animales", dijo el Intendente, "ejemplo de sostener el espíritu elevado, celebrando el estar vivos. Y la solidaridad comunitaria cuando el dolor de la despedida de un ser querido dejaba un lugar vacío en la mesa de una familia".

Ingram sostuvo que, "en estos tiempos en los que una pandemia nos ha arrinconado, maltratado y hasta se ha llevado seres queridos, debemos mirarnos en los espejos de los pioneros para, quizás, encontrar allí una palabra, una mano, un gesto que nos ayude a recordar que no hay manera de sostener ningún proyecto en soledad", planteando que, "es con el sacrificio cotidiano, con las manos produciendo, las mentes creando, y el alma amando nuestro terruño, la única forma de honrar el privilegio que se nos ha dado de habitar este mundo. Le debemos ese esfuerzo a cada uno de los 153 pasajeros de aquel velero, el mimosa. Pero nos lo debemos, fundamentalmente, a nosotros y a los que vienen".